domingo, 3 de abril de 2011

LA GATA QUE MATÓ LA CURIOSIDAD


MILENIO SEMANAL Luego de la firma del acuerdo mediático para la cobertura de la violencia, un conductor de Televisa Monterrey, su primo y un fotógrafo de La Prensa de Coahuila fueron raptados y asesinados; el cadáver del comentarista fue luego secuestrado por sicarios.


Lo primero que llamó la atención del enlace en vivo de las tres televisoras locales fue la toma abierta que permitió, por algunos segundos, leer el narcografiti detrás del cuerpo asesinado de José Luis Cerda Meléndez, La Gata, conductor de un programa de comedia de Televisa Monterrey, a quien el cártel del Golfo (CDG) secuestró la noche del 24 de marzo. “Ya no sigan cooperando con Los Zetas. Atte CDG. Saludos Arquitecto el Número Uno”, decía el mensaje.


La Gata se convirtió de inmediato en un claro ejemplo de lo complicada que es la cobertura de la guerra contra el narco en el noreste del país, un recordatorio que llegó 22 horas después de la firma del Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, que respaldaron 172 medios, incluida la casa matriz de esta publicación. Ese viernes 25 de marzo, como cualquier otro día en la capital de Nuevo León, la jornada empezó cuando los noticieros hacían un recuento de los cadáveres que dejan las acciones de la delincuencia organizada. Pero esa mañana Monterrey presenciaría, además, el inaudito robo del cuerpo, ya muerto, de Cerda Meléndez, quien era un ex pandillero de la populosa zona de La Risca, un barrio enclavado en la Loma Larga, vecina de la Independencia, donde esos mismos chavos banda se unieron desde hace tiempo a los cárteles de la droga que operan en la ciudad. Aquel hecho se dio frente a los reporteros y a los policías estatales y de Guadalupe que, en lugar de evitar la acción, pidieron a los medios retirarse para evitar problemas con Los Zetas, grupo rival al CDG.

Desde las siete 15 de la mañana los reporteros estaban desplegados con unidades móviles en el bulevar Miguel de la Madrid, al extremo oriente de la avenida Constitución. Los restos del día correspondían a Cerda Meléndez, a quien un comando armado raptó a las ocho de la noche del 24 de marzo cerca de las instalaciones de Televisa Monterrey. Junto con él los sujetos armados se llevaron a Juan Roberto Gómez Meléndez, primo del animador, y a Luis Emmanuel Ruiz Carrillo, fotógrafo del periódico La Prensa, de Monclova, Coahuila, y estudiante de sexto semestre de Comunicación de la Universidad Metropolitana de Monclova. A estos dos los arrojaron en el sur de Monterrey. Desde que los privaron de su libertad, los mantuvieron vivos menos de 11 horas.

Cerca de las ocho y media de la mañana, tras confirmarse la identidad del conductor, los policías de Guadalupe, José Valente López Treviño y Germán Segura Vargas, dijeron a los reporteros, aún en el sitio, que pistoleros venían en camino para llevarse el cuerpo. “Se nos está pidiendo, Gregorio, que nos retiremos en estos momentos porque existe riesgo de que, bueno pues, regrese una especie de comando y abra fuego”, dijo el reportero de Televisa Monterrey allí presente a Gregorio Martínez, el conductor de Las noticias. Mientras sucedía este diálogo, los policías presentes retiraban las cintas amarillas.

Apenas tuvieron tiempo para cortar las transmisiones y regresar a sus unidades móviles cuando ya los sicarios habían bajado de un auto Mercedes Benz color gris. Arrastraron el cuerpo hasta el vehículo para luego avanzar hacia el poniente. A las tres de la tarde el Mercedes quedó estacionado sobre la avenida Constitución, a un lado del parque Fundidora, apenas cinco kilómetros al poniente de donde se llevaron el cuerpo. El cadáver del conductor estaba adentro. Sólo le habían quitado sus tenis y revisado las bolsas del pantalón.

Después del hecho, ocho elementos de corporaciones de seguridad quedaron detenidos, cuatro de ellos consignados: dos ministeriales, Karla Margarita Cepeda González y Jorge Adalberto Tovar Fernández, y los dos uniformados de Guadalupe. En la indagatoria otros cuatro preventivos de Guadalupe aceptaron trabajar para la delincuencia organizada y fueron dados de baja. Cinco días después del incidente la alcaldesa de Guadalupe, Ivonne Álvarez García, también ex conductora de televisión, anunció el cese de 40 policías que no pasaron las pruebas de confianza.

En su única aparición para hablar del tema, el Procurador de Justicia del estado, Adrián de la Garza Santos, aclaró que la narcopinta no era una amenaza a los medios, que el Arqui es el apodo de un líder criminal y que una de las líneas de investigación respecto al asesinato de La Gata es una presunta relación con la delincuencia organizada.

DE LA RISCA A LA TELEVISIÓN
La Loma Larga es una ancha colina desde donde se domina el centro de Monterrey. El viejo barrio de San Luisito, hoy la colonia Independencia, se llenó en su origen de canteros y artesanos que a finales del siglo XIX llegaron a Monterrey para construir el Palacio de Gobierno. Desde la década de los setenta fue tomado por pandillas. En los medios locales se repite hasta el cansancio que con la llegada del narco esos grupos pasaron de las piedras, las navajas y los palos a las AR-15 y AK-47.

Sólo en la parte baja hay calles. Más arriba lo empinado sólo permite escalinatas, lo cual dificulta el acceso de la policía. La Gata creció en esa zona, y sus 33 años de vida coincidieron con la metamorfosis del barrio, de donde ahora salen una buena parte de los jóvenes halcones, los sicarios, los narcomenudistas y los bloqueadores de calles a la orden de los delincuentes.

Se hizo adicto a las drogas. Para mantener su vicio robaba, aunque sólo una vez pisó la cárcel, el penal del Topo Chico, por robo con violencia. “Duré casi 19 años siendo drogadicto, a la edad de 10 años yo empecé a probar”, dijo en una entrevista que Televisa le hizo hace tiempo. “Siempre estaba solo, tenía que robar para darle de comer a mis hermanos. Lavaba carros, vendía el periódico y de repente, cuando se me pegaba algo, pues también robaba”, detalla la nota.

Cerda Meléndez se rehabilitó del consumo de drogas, dejó la delincuencia y se unió al elenco del programa El Club, invitado por el comediante local Oscar Burgos, quien también pasó por un periodo como adicto. La Gata se presentaba a sí mismo como un hombre adulto de un barrio bajo, con el acento y las frases características de esas zonas. Burgos y él se asumían públicamente como adictos rehabilitados, y parte de sus rutinas cómicas incluían burlarse de sí mismos.

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Mientras el interés mediático se centraba en La Gata, a 25 kilómetros al sur de la ciudad otro comando abandonó los cuerpos de Juan Roberto Gómez Meléndez, primo del animador, y Luis Emmanuel Ruiz Carrillo, el reportero de Monclova, Coahuila, quien había acudido a Monterrey para entrevistar a Cerda Meléndez. Ruiz Carrillo, de 20 años, además de estudiar laboraba como fotógrafo en el periódico La Prensa. A los tres los secuestró un grupo armado cerca de la sede de Televisa Monterrey, ubicada en la calle Albino Espinosa y privada Pipo, en el centro. Los separaron a la hora de matarlos.

Ruiz Carrillo tuvo la mala suerte de pedirle al animador un aventón a un hotel donde pudiera quedarse. El director de La Prensa, Jesús Medina, lo describió como una persona entregada a su trabajo y, pese a su poca experiencia, el gobierno de Coahuila le había otorgado el Premio Estatal Estudiantil, además del Premio Estatal de Periodismo en la categoría estudiantil.

Los cadáveres del fotógrafo y del familiar del animador fueron dejados en el kilómetro 262 de la carretera Nacional, a unos metros del C5, como se conoce a las instalaciones de la coordinación de las fuerzas policiacas del estado. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) no lo menciona en su comunicado emitido el mismo día del crimen, pero sí califica como periodista al animador de televisión; en tanto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en un boletín liberado el 29 de marzo, sólo hace referencia a Ruiz Carrillo como un agregado al asesinato de La Gata aunque, en los hechos, Ruiz Carrillo se convirtió en el primer periodista víctima del crimen organizado tras la firma del Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia.